
Mírate, no dejes de mirarte y detente a profundizar en lo inmensa que puede llegar a ser una pupila hundida en un profundo estado de paz que invade cada rincón que no eres capaz detallar.
Todo está compuesto por simplicidades. Pequeñas cosas que son tan solitarias e irreales como una gota de agua en un abrumador desierto. Nada posee un valor propio; todas las cosas de la vida se llenan de importancia según el cristal con el que sean observadas.
Vuelve a mirarte, pero esta vez mira también el pequeño insecto que lleva horas posado sobre una de las esquinas del espejo, y que aún no se ha ido porque el lugar le emana una calidez que seguramente no halló en otro espejo, ni en otra silla, ni en otro buró. Ese insecto es vida. Tu silencio, tu calma, son su paz y su tranquilidad... su seguridad. Él está desprotegido. Y tú no tienes intenciones claras de ser quién le brinde protección....
¿Recuerdas esos brazos que me cubrían aquella fría noche de invierno? ¿Ya olvidaste las noches que pasaste sin pestañear sólo para vigilar que ni un suspiro interrumpiera mi sueño?...O es que... ¿O es que eso fue un sueño?...