Todo esto suena tan irreal. Un sueño, una quimera, un punto fijo que no hace ni hará el intento de acercarse. Una idea de felicidad que suena lo suficientemente perfecta como para notar que no es más que un triste intento de olvidar los martirios geográficos que hoy destrozan tu cabeza por no saber que hacer. Un mercado de sueños, donde ambos escogemos sólo los qu podremos cumplir. ¿Cobardía? Sí. ¿Miedo? También. No hay nada más terrible que pensar en ser feliz, porque por ley de vida, de existencia y de capricho del destino, todo termina. Sobre todo la felicidad. Lograr una sonrisa consecuente a una caricia, a un beso, es comparable con el mismísimo miedo a vivir. Porque ser feliz es justo eso, vivir. Hay tanto terror de que se acaben los momentos perfectos, que no importa pasar días desarrolando un irresponsable complejo de Dios por querer detener el tiempo en el momento justo en que llegamos a la cumbre de lo imposible, a la cima de unos ojos sinceros, al comienzo de dos.
Y todo es tan surreal, tan mágicamente imposible, que te paralizas ante lo tangible en que se ha convertido tu ideal de sonreir. Atrás quedaron las noches de agua salada en la almohada y besos suicidados por no encontrar destino. Murieron las noches buscando un por qué. Asesinamos los incierto, lo desconocido, lo triste y cruel de un destino al que le ganamos unas tantas batallas, aunque ahora podemos alardear de haber ganado la guerra. Un paso, tan solo un paso era la pieza indispensable para completar el rompecabezas que formamos los dos.
Olvida lo triste, lo amargo, lo feliz y lo lo que fue. Instala en tu mente un ahora, que el pasado no vendrá y el futuro se construye... si queremos... Miles de kilómetros están en medio y a gracias a la valentía de mi corazón, los cruzamos....con un "paso".