Nada más que una sentencia...

Tanto afán por olvidarte y maté mis ganas de luchar. Quizá me aferré a la idea de que un borrón y cuenta nueva me haría más feliz; que un corazón sin dolor latiría más fuerte y con más ánimos; que la brisa soplaría en mi cara sin dejarla fría por las gotas saladas que compiten por besar el suelo para morir ya de una vez sin tanto alardear su tristeza. Ahora que el olvido y tu recuerdo caminan de la mano, sigo igual. La soledad es la misma: se sufren las ausencias cuando se sueñan los abrazos, y se llora el espacio vacío de quien aún no toca la puerta. Quizás la ansiedad de tenerte se revirtió inesperadamente y le jugó en contra a tus miedos; quizás la perseverancia no fue más que un capricho disfrazado que se coló entre mis deseos y coqueteó con tus ganas. Borra de tu mente esa idea que comienza a dibujarse y que pone contra la pared aquel amor que un día te tuve. Deja de pensar que jugamos una carrera de olvidos, de heridas sanadas y de nuevos amores. Que solo te baste un instante de pasados en silencio absoluto para sentir lo que alguna vez fue palpable y que te construyó sonrisas, desesperación y futuro. Que no se diga más. En esta historia ahora sobran los por qués y hay derroche de nuevos amaneceres. No te hablan las heridas ni tampoco los pendientes; hablo desde la cima de una montaña que jamás creí poder escalar y donde ahora fundo las bases de un nuevo presente y un impredecible mañana.Doy por concluida la sesión entre tu última oportunidad y los restos de mi amor.

Llega de una vez

No es un juego de ambiciones ni pretenciones extrañas. No es un intento de logro ni un capricho de compañero inherte. Más allá de revertir la soledad, más allá de pensar acompañada, de vivir por un "por qué" con documento de identidad. Lejos de la resignación, del casancio, del golpe diario. Lejos de cada beso que jamás llegó, de cada hora que nunca se detuvo para congelar el instante que no fue.
Lejos de claudicar ante la sociedad caníbal que espera un corazón herido para convertirlo en el foco de muchos dedos que no saben apuntarse a sí mismos.
Lejos, más allá, sin intenciones de buscar lo que no se puede tener... quiero que aparezca.
Que se presente el sueño sin rostro ni nombre y que le ponga apellido a la vida. Que llegue cual monarca a mandar sin preguntar, a amar sin consultar.
No preguntes donde estoy; no te importa quien soy. No preguntes con quien estuve; no te importa quien fuí.
Llega, y hazlo de un golpe y sin derecho a reacción para que el amor impacte y el estado de shock me haga enamorarme.
No hagas caso a lo que digo cuando digo que hagas caso. No me escuches si no quieres, quizá no quiera decir lo que escuchas. No pretendas salvarme porque llegas y me salvas.
Y si te parece dictador el cariño que te pido, llega sin que me dé cuenta, pero hazlo de una vez.

Reciclando fuerzas...

Cierro los ojos y reciclo mis fuerzas. Pegué mis metas detrás de mis párpados y me refugio a diario en los misterios de mis fantasías. Un sueño de dos con una lucha individual. Ya mi cerebro es una máquina que transforma tus mentiras, tus absurdas mentiras, en la energía vital de mi agonizante espera. Sé que no vendrás, y quizá porque no sepas que iré. El orgullo pierde la dignidad ante una felicidad inminente que espera un "no" para apretar el gatillo y darle fin a la historia. Asesino sin piedad de tu propio destino.
Y te quedaste sentado viendo lo hermosa que es la vida, y perdiéndote del placer inmenso que trae un beso por la mañana. No un beso de labios, sino de almas, de corazones. ¿Hasta donde vale la pena sufrir? No sé. Quizá la respuesta la encuentres imaginando mi cuerpo del otro lado de tu cama. O en la sonrisa que se escapa sin motivos ni razones, como un estornudo del alma.
Te limitaste a contemplar amaneceres en lugar de robarlos para ti. O quizá para mi.
Quizá no haya cabida para el arrepentimiento, porque quizá sea yo la que no quiera arrepentirse por ti. Y es así. Pero está la promesa de un borrón y cuenta nueva que promete una completa reivindicación de la razón ante el alma.

El destino los cegó

Reposabas tu cuerpo sobre el pasto fresco de abril. Las nubes formaron un inevitable y contundente "sí", del que hiciste caso omiso y le apostaste a lo trivial. Comenzaba a llover. Llegaba la lluvia que empapa las tristezas de los amores abandonados, y se lleva la impaciencia y la ausencia de un por qué. La brisa luchaba a fuerza contra el olvido, quién se aferraba al corazón un poco más cada segundo, jugándose la vida como quien juega al amor. Y un instante de azar te hizo suyo. Claudicaste ante una fulminante y dulce voz que invadió tus instantes con una paz insufriblemente deseable. No lograste resistir la calidez de esos ojos, unos ojos que no ven. Porque el destino los hizo ciegos.
Nació un amor con bases en una enceguecida esperanza. El amor a un mismo cielo, a un mismo mundo, a una mismo pensamiento, a un cantar simultáneo para burlar las distancias y jugar a unos ojos que se miran de frente y no temen al después.

Vuelves al mismo lugar, te echas sobre el mismo pasto, pero ahora con la fe de asesinar a la soledad lo más pronto posible y ver un "sí" en las nubes acompañado de una caricia y un beso que anuncia el final de una espera y el comienzo de un te amo que se dice con los ojos.

Un paso...

Todo esto suena tan irreal. Un sueño, una quimera, un punto fijo que no hace ni hará el intento de acercarse. Una idea de felicidad que suena lo suficientemente perfecta como para notar que no es más que un triste intento de olvidar los martirios geográficos que hoy destrozan tu cabeza por no saber que hacer. Un mercado de sueños, donde ambos escogemos sólo los qu podremos cumplir. ¿Cobardía? Sí. ¿Miedo? También. No hay nada más terrible que pensar en ser feliz, porque por ley de vida, de existencia y de capricho del destino, todo termina. Sobre todo la felicidad. Lograr una sonrisa consecuente a una caricia, a un beso, es comparable con el mismísimo miedo a vivir. Porque ser feliz es justo eso, vivir. Hay tanto terror de que se acaben los momentos perfectos, que no importa pasar días desarrolando un irresponsable complejo de Dios por querer detener el tiempo en el momento justo en que llegamos a la cumbre de lo imposible, a la cima de unos ojos sinceros, al comienzo de dos.

Y todo es tan surreal, tan mágicamente imposible, que te paralizas ante lo tangible en que se ha convertido tu ideal de sonreir. Atrás quedaron las noches de agua salada en la almohada y besos suicidados por no encontrar destino. Murieron las noches buscando un por qué. Asesinamos los incierto, lo desconocido, lo triste y cruel de un destino al que le ganamos unas tantas batallas, aunque ahora podemos alardear de haber ganado la guerra. Un paso, tan solo un paso era la pieza indispensable para completar el rompecabezas que formamos los dos.


Olvida lo triste, lo amargo, lo feliz y lo lo que fue. Instala en tu mente un ahora, que el pasado no vendrá y el futuro se construye... si queremos... Miles de kilómetros están en medio y a gracias a la valentía de mi corazón, los cruzamos....con un "paso".

Para los ingratos. Para todos

Cuánto desearía no quererte. Luego de tanto camino recorrido, de tantos tropiezos, de tantos amigos clavados por la espalda, de tantas vivencias que, por pretender ser optimistas, llamamos experiencias cuando no son más que mazoquismos propios de la condición de humanos... Luego de tanto, de nada, quisiera no quererte, porque deberíamos odiar a todos los seres que nos quieren. No hay dolor más grande que el causado por un ser amado. Tanto amar, tanto querer, que la molécula más miníuscula causa un estallido descomunal si es arrojada por la persona a la que pretendes dar tu cariño, tu protección. No, no soy una madre que pretende confesar y advertir la respuesta típica y egoista de un hijo ingrato que nació con la idea de que la providencia le suministra alimento, amor, y no tiene nada mejor que hacer que considerar el amor dee su madre como algo que merece y que se nos otorga al nacer. Solo intento mostrar mi punto de vista acerca de la ingratitud.
Ingratitud hay mucha. Ingtrato es el que se dedica a desconocer las buenas acciones de los demás hacia él. Pero ingrato también es el que ama sin límites, porque al hacerlo, dedica su amor solo a una persona, dejando emocionalmente vulnerables a todos los que sonríen y llenan su vida de felicidad con tan solo un gesto del ingrato en cuestión. Ingrato es también el inocente, porque confiando en tanto, y en nada, menosprecia las certezas y echa a un lado lo seguro, para abrir paso a lo nuevo y darle la oportunidad de entrar a su castillo de preincesas, príncipes y asesinos de máscaras, sin percatarse de que un mundo real, una vida, no se construye sobre historias encantadas y cuentos de ilusión.
Ingrato también es aquel que perdió la inocencia, porque se siente dueño y señor de las experiencias humanas, como si el mundo fuera su barco y su boca el timón. Es ingrato al avergonzarce de la madre de sus amores, de la guía de su primera vez, de la culpable de sus heridas. El que se cree inmune, también es ingrato.

Es ingrato el culpable, el que lastima, el que tiene como objetivo de vida impedir la felicidad del otro. Y lo es porque le lanza puñetazos incontrolables a una vida que le ha caido del cielo, inmerecida vida, pues el amor es la base de la existencia, y ¿de qué vale una existencia si no se profesa ni se genera, ni se transmite amor?
Formas de ingratitud hay tantas como ingratos hay entre nosotros, porque, al final, amar es la forma de vida que todos conocemos e intentamos practicar, y en ese placentero martirio nos damos cuenta de que para amar, debemos ser ingratos con quien amamos al pretender llevarnos un pedazo de su corazón para no devorverlo jamás.

Mi realidad

Mis fantasías, mis sueños, mis dramas y mi mente: todo está aquí.
Ofrezco mi cordial bienvenida a este espacio que no es más que una servilleta virtual, donde plasmo mis emociones cada vez que tengo la necesidad de estallar.