¿Terminó?

Lo primero que se nos viene a la mente al momento de "comenzar" algo es cuándo y cómo va a terminar. Desde una simple torta o pastel, que comienza cremando mantequilla con azúcar, y no sabremos si temrinará en torta o en "intento de torta", hasta un "sí" que permite el inicio de una relación sentimental. Es éste uno de los casos más peligrosos de "no sabremos cómo temrinará". Una salida, una llamada, un helado, un beso... eso ya lo sabemos. El problema está en saber cuándo y cómo terminará la historia. No es fácil, pero existen varios métodos de gran utulidad para saber cuándo uno está a punto de estrellarse contra la realidad y decir "sí, se acabó", y luego llorar o, en el peor de los casos, reir por la rareza de dar como concluido ese episodio de nuestras vidas.

Una de las formas que existen para tener la seguridad de que "se acabó" es gracias al "no eres tú, soy yo". Si realizáramos una encuesta, seguramente la totalidad de los participantes dirían que es la última frase que quisieran oir en su vida. Y es que, independientemende de la carga que se le ha anexado a esta frase, es patético que alguien decida terminar una relación con un argumento como éste. Si el problema soy "yo",¿ por qué no me aislo del mundo y me voy a una isla solitaria donde no le cause "problemas" a nadie? Por ello, defino esta frase como el argumento más básico y carente de lógica, utilizado por aquellos individuos temerosos de arrebatos frenéticos producto de un orgullo herido, que sirve de abreboca al despecho vengativo.

Y si de argumentos baratos se trata, sería pecado dejar de mencionar al enemigo de todos los que hemos sufrido en carne propia los delirios del amor. Causante de desgracias, fiel acompañante de la paciencia, excusa pobre para los que no tienen razones suficientes para convencerse a sí mismos: el tiempo. El que pide tiempo es aquel que ya no tiene las ganas en la piel, que no vive la intensidad de un beso, y peor aún, que vive de máscaras de mañanas. El tiempo es un compañero que hay que saber tratar. Todo exceso es perjudicial, y una sobredósis de tiempo se convierte poco a poco en asesina del amor. Sí, el tiempo sana heridas, pero también las abre. El tiempo aumenta el deseo, pero fomenta la desesperación. El tiempo es un mal necesario.

Para continuar, y dejando a un lado los motivos carentes de sentido, es el turno de la distancia. Sin muchos preámbulos, sin demasiado alarde de importancia y sin persentación. Desde los cuerpos que son obligados a separarse, hasta las almas que coinciden de manera extraña y casual en el camino de la vida, la distancia juega con el amor con la misma precaución con la que un simio tendría una copa de cristal en sus manos. ¿Habrá mayor razón que la distancia para decidir cortar el cordón que ata dos corazones? o ¿será dicha intrusa un motivo para seguir, para no ceder? No tengo la respuesta a esas preguntas. Si las tuviera, no estaría escribiendo esto, la historia sería otra... O quizá no habría historia. Lo importante es que la distancia figura como tercera, como amante, como manzana de discordia entre el amor y la razón. La distancia es un motivo para poner un alto, para terminar, o para comenzar, dependiendo del cristal con que se mire la historia. Mi argumento es custionable, pero nadie entiende el por qué de un comportamiento extraño de algunos valientes, que los lleva a superar las más grandes adversidades geográficas sin que en el camino le ocurra alguna herida al sentimiento. son excepciones. Conclusión: si usted vé que la distancia asoma las narices a su puerta, prepare su corazón para un posible final.

Miles son las razones para sellar el sobre, para pasar la página, para terminar el capítulo. No sería responsable de mi parte hablar de todas. Bien dicho está el refrán que cita "nadie aprende de errores ajenos", y es así como comparto mi experiencia, no para evitar que cometa mis mismos errores, sino para intentar que usted se sienta acompañado en su agonía.

Soñando que estás...

Hoy jugaré con mi mente soñando que estás. Nunca está de más ejercitar la imaginación y pintar el mundo, el universo, la galaxia o la vida que queremos.
El cielo vestía un traje azul, con algunos contados toques de luz, carentes de la iluminación imaginada, puesto que el sol hace su respectiva reverencia naranja y se despide de todos. La tarde olía al perfume que dejaba su pelo sobre la almohada, y aunque yo no sabía cómo era realmente, lo imaginaba a diario cada vez que abría los ojos y despertaba de mi rutinario sueño.
Hoy no necesito soñar. Mi cabeza está sobre sus piernas, mientras vemos caer el día y reímos por sabernos cómplices de nuestro presente. La arena se cuela entre sus dedos, y yo insisto en preguntarme si existe algo más perfecto que un momento junto a él. El mar, a nuestros pies, nos persigue con la ilusión de tragarnos, pero aún dentro de él es imposible separar nuestros corazones.
Mis párpados me traicionan y dejan que mis ojos vean la luz, y con la impotencia propia de un sueño irrealizable, veo por la ventana el ocaso que anuncia la retirada de un día más, y con él tu recuerdo.

Un amor recurrente

Una vez más te amaré. Sí, hace millones de lunas, cuando el mundo comenzaba a ser mundo y la vida comenzaba a llamarse vida, te amé.
Y porque la vida es vida, y porque el sol es sol, eres tan fantástico como una mentira eterna, tan lejano como los sueños que jamás cumplí.
Hoy no podemos estar juntos. ¿Has pensado por qué?. Porque la vida está perfectamente diseñada, de forma tal que el equilibrio también se aplica a los sentimientos, a la felicidad. Y es que la felicidad nos perteneció desde siempre. Pero el equilibrado destino, en una de nuestras vidas, en una de nuestras muertes, decidió darnos la libertad para extrañarnos, para valorar lo duro que puede llegar a ser una vida sin ti, sin mi.
El amor está destinado para ser suministrado con un cuentagotas. Poco a poco, gota gota, gesto a gesto; darlo todo en un sólo momento significaría extinguirlo, agotarlo... Pero es un error tan fácil de cometer... Y nos vimos tentados a amarnos sin medida, sin razón, sin miedo.
Y porque el destino es incierto, porque el amor se equilibra, porque el tiempo se escurre como arena entre mis manos, en vano son las lágrimas que recorren mi rostro, porque más allá del mundo, del tiempo, del espacio, este sentimiento se vuelve tan recurrente y necesario como respirar.
Poco a poco, por mil vidas, dos corazones existen, aunque lleven envoltorios direfentes y tengan un sentido cada vez que todo vuelva a empezar.

¿Por qué las musas se van?

Cuánto tiempo tienes sin vomitar palabras. Cuántas lunas han pasado desde que tu inspiración, con nombre, apellido, vida y sueños, tomó sus cosas y se fue con rumbo hacia lo desconocido, con la promesa de nunca más volver, y si lo hiciera, volvería acompañada de una nueva identidad.
El fatal conflicto interno que debemos vivir aquellos que no sabemos hace nada más que transmitir sentimientos, de convertir las realidades más cotidianas en un arco iris de motivos para ver cada detalle como un ser que vive, que respira, que siente y que nos cambia la vida sin pedirnos permiso.

Las musas hacen el trabajo un poco más fácil. Ellas fabrican el puente entre lo común y lo maravilloso. Gracias a ellas los poetas son poetas, los motivos son motivos. Indispensables seres míticos que le dan un sentido más nuestra existencia.

¿Qué hacer cuando las musas se van? ¿Por qué la musas abandonan? Cuando ya no hay nada que hacer, cuando el corazón quedó roto en millones de diminutas partículas que ruedan por los rincones de tu alma buscando que alguien decida repararlas... Cuando la historia cambia, cuando las palabras sobran y el silencio invade, cuando dar un paso atrás es más fantasía que realidad...

Cuando tu vida se vuelve simple... El amor se va.. Las musas huyen despavoridas... Y se está en un letargo esperando que aparezcan los personajes para comenzar el acto.

¿Es fácil olvidar?

¿Ves que no era tan dificil olvidar? ¿Qué son unas cuantas noches aferrada a una almohada sin parar de llorar? ¿Qué tan malo puede ser convertirse en un triste dependiente a los recuerdos de un ayer que no pretende regresar? No creo que signifiquen mucho un compendio de ilusiones lanzadas al vacío del olvido. Y cada foto parece una impresión de tu terca memoria.
Aquella noche se acostó en su solitaria cama teniéndote presente, esperándote impacientemente como el minuto que espera al último segundo para poder existir. El sol chocó contra su piel y ya tú no estabas en su mente. ¿Habrá sido el sol quien se llevó tu recuerdo? Y tú, esperaste algún vestigio de recuerdo... una migaja del pasado.... pero nunca pasó.
¿Será una receta, una fórmula mágica que borra desilusiones y desmemoriza la razón? ¿Qué habrá pasado aquella noche?
Y tu mente lucha contra los recurrentes ataques de tu imaginación. Esa imaginación cruel, despiadada que no tiene compasión y expulsa veneno y mentiras...¿o serán verdades?... Sean realidades o fantasías, duele.. duele el corazón. Pero, si él ya encerró todo en el bahúl, ¿por qué duele el corazón?....
"¿Ves que no es tan dificil olvidar?"... Claro, no lo es. Pero, ¿quién olvida?... ¿Será capaz aquella ráfaga de sol de hacer olvidar al corazón?

Operaciones oftalmológicas: solución a los problemas del corazón

“Ojos que no ven, corazón que no siente”. ¿Qué tan cierto puede llegar a ser este refrán?
Es común contestar nuestro teléfono y escuchar el relato histérico de alguna amiga desesperada que acaba de comenzar a “sufrir” una profunda crisis emocional a causa de la indiferencia y las pocas demostraciones de afecto por parte de su novio, pareja, “resuelve” o como le quieran llamar. Interesante acontecimiento, pues resulta que mientras tu hermana se queja porque se encuentra sola y sin su media naranja, tu amiga llora descontroladamente porque su novio tardó 25 minutos en enviarle una respuesta a su mensaje de texto, el cual parecería de vital importancia, a pesar de que sólo decía “¿Qué haces? Te quiero, gordo”. Por otra parte, está tu compañera de oficina, quién encontró a su “otra mitad” gracias a una sala de Chat dedicada a los fanáticos de la “Coca cola Light”. Esta chica pasa horas enteras sentada frente a su computador esperando que se “conecte” el chico de Inglaterra con quien se comunica desde hace un mes, gracias a los dos inventos que han impulsado la globalización: el Internet y el teléfono. Tu compañera de trabajo llega todas las mañanas con una sonrisa radiante a la oficina, y su humor es considerablemente envidiable.
Ahora, pongamos estas dos situaciones en una balanza. La chica de la oficina está tan sola como tu hermana, pero con una importante diferencia que es representada por un extraño sentimiento que ha provocado el chico británico en ella. Si bien sus domingos no están dedicados a ir al cine con su novio, su corazón se encuentra en ese estado sumamente peligroso y ocasionalmente perjudicial, comúnmente conocido como “amor”. Y mientras tu amiga llora por no recibir un básico mensaje de texto, la chica de la oficina sonríe al ver aparecer en su pantalla la frase “Christopher está conectado”. Los ojos de la chica de la oficina están ciegos; su mirada no posee el alcance suficiente como para llegar a Inglaterra y ver a la persona que le alegra los días. Pero éste no es motivo suficiente como para que ella se “sienta” sola. Si fuera cierta la tesis de que un par de ojos ciegos evitan que un corazón sea capaz de sentir, seguramente la chica de la oficina estaría sentada en un sillón de algún consultorio psiquiátrico por padecer de alucinaciones severas.
En fin, gracias a tener la “dicha” de haber nacido en la era tecnológica, tenemos la capacidad de “operar la vista” y lograr que florezcan los más sinceros sentimientos.

Mi realidad

Mis fantasías, mis sueños, mis dramas y mi mente: todo está aquí.
Ofrezco mi cordial bienvenida a este espacio que no es más que una servilleta virtual, donde plasmo mis emociones cada vez que tengo la necesidad de estallar.